
El símbolo mas grande de Australia se disfruta mejor desde el paseo marítimo en el Domain y el Royal Botanic Garden. A medida que paseas por unos jardines preciosos y cuidados al detalle existen varios puntos donde hay que pararse, respirar hondo y frotarte los ojos para demostrarte que estas allí... que lo que ves no es un sueno nocturno, sino que es real. Como en otras ocasiones, la realidad y el directo superan infinitamente los cientos de veces que he visto esta postal en televisión, en las revistas, o hasta en mi famoso libro de Las Maravillas del Mundo. En dos días consecutivos (pero con tiempo diverso) he repetido el mismo itinerario sólo para volver a regalarme una vez más las mismas sensaciones. Durante horas me he quedado contemplando la imagen ya imborrable en mi mente de la bahía con su Opera House y al fondo su Harbour Bridge.
Finalmente estaba frente a las escaleras que dan acceso al complejo. Y pude tocar con mis propias manos esas blancas baldosas que hasta entonces no hubiera sabido decir que lo eran. Los edificios son tan bonitos entonces como lo era en la distancia. Una arquitectura tan rara y tan especial que te permite tirar foto tras foto sin parar y todavía tienes para rato. Entré en su interior para preguntar directamente sobre los precios y posibilidades, así conseguí alguna información muy útil: para la función de ese día había reservados billetes de "ultima hora" dedicados a los estudiantes por 50 dolares. Y bueno... jeje... os cuento un secreto. No es que haya vuelto a los estudios, no. Lo que ocurre es que pasar por Khao San Road (Bangkok) le puede dejar a uno marcado. Allí uno puede convertirse ipso facto y por 150 Baht en periodista internacional, estudiante, sacarse el carnet de conducir o muchas otras cosas. En definitiva: tengo un carnet de estudiante al que le saco mucho partido.
Los preciados billetes sólo se vendían una hora antes, a partir de las 6 y media. Así que a las 6 y 20 estaba frente a la ventanilla donde el amabilísimo taquillero me hizo el favor de anticiparme la venta. Le dije: "Por favor, dame lo mejor que puedas... llevo viajando 10 meses y para mí esto es algo muy especial". El sonrió y me contestó firmemente un "No te preocupes...". Ese momento me hizo confiar ciegamente en él.
Ya con mi entrada en mano, he vagabundeado por allí y hasta me he permitido una cervecilla sentado en el bar del teatro para celebrar el momento. Eso si... deberíais haberme visto... Os imagináis como va la gente a la opera, no? Bueno, pues yo llevaba mis característicos pantalones piratillas, mi camiseta del toro, una barba de 3 días, mi bandana tibetana (con mucho orgullo!) y sobre todo mis chancletas de 9000 rupias indonesias. No he sido tan osado de presentarme así sin avisar; en realidad y afortunadamente para mí la Opera House no tiene ninguna norma de etiqueta y cada cual puede ir vestido como le parezca. O como pueda, que era mi caso.
Después he entrado en el auditorio y me he quedado sorprendido de ver lo bien situado que estaba. Me da que ese billete a precio normal podrían ser tal vez 200 dolares. Mi confianza en el taquillero no era en vano. El interior no impresiona, no tiene demasiado de especial. Pero no he dejado de pensar que me encontraba dentro de esas famosas conchas a punto de ver La Boheme, de Puccini. Luego se han apago las luces y ha empezado el espectáculo. Todo ha sido fantástico. Me ha gustado muchísimo y se me ha pasado volando, creo que hasta me ha sabido a poco. Ha habido varios momentos preciosos. Creo que de verdad hoy empecé a disfrutar de la ópera como nunca antes. Después de los aplausos, he salido mas contento que unas castañuelas. Y mi paseo de vuelta a mi humilde morada, mi albergue y mi dormitorio de 20 dolares por noche, ha sido aún mas plácido que de costumbre. Hoy pasé una noche en la ópera. En la Opera House de Sydney.


























