Cuando bajamos del colectivo Carlos, propietario de La Querencia junto a su esposa Adela y ambos amigos personales de la familia Luna, nos esperaba en su camioneta para acercarnos a su preciosa posada. El día era radiante pero eso no era en nada especial. Barreal tiene cerca de 340 días de despejado sol al año. Las nubes se pagan muy caras por aquí. La posada de tan solo 6 habitaciones era linda como ella sola.
La casa construida en un solo piso y toda encalada tenia un aspecto campechano y muy acogedor. Las vistas a la cordillera de los Andes impresionantes. Pero pronto me di cuenta de que eso no era ni mucho menos el punto fuerte de la posada: la exquisita atención y trato de Adela y Carlos lo son casi todo allí. Como comprenderéis, todo un lujo para mi vistos los lugares modestos donde suelo parar.
Aquella tarde la pasamos caminando por los alrededores del pueblo, disfrutando de las maravillosas vistas y el buen clima. Aunque Marce tenía otros propósitos en mente: estuvimos buscando semitas, que es un pan tradicional de la zona cocido en horno de barro. Cuando finalmente Adela en La Querencia nos ofreció semitas recién hechas comprendí el por qué de la desesperación de mi hermano.


Las constelaciones eran visibles como nunca, y la Via Lactea se podía apreciar en todo su esplendor. La Cruz del Sur que tanto me ha acompañado en los últimos meses y que pronto abandonaré también estaba allí. No puedo explicar la belleza de semejante espectáculo, y maldije celoso una y otra vez contra los habitantes de Barreal por poder disfrutar de él cada noche. Por primera vez en mi vida, fotografié un cielo estrellado.
Amaneció tan despejado como el día anterior, cosas de la rutina de Barreal. Esta vez Marce había preparado una cabalgata por los alrededores. Nunca en mi vida había montado antes a caballo, así que fue otro estreno prometedor. Acompañados de un simpático guía cabalgamos por los alrededores de Barreal y subimos a un precioso cerro, con los Andes siempre por testigos.
Cuando llegó la tarde nos escapamos con Max, guía turístico de Barreal y también amigo de la familia Luna, a ver la famosa Pampa del Leoncito. Es un lugar muy especial. Imaginaros una superficie natural plana y arcillosa secada y agrietada por el sol de 4 kilómetros de ancho por 13 kilómetros de largo. Ni un solo obstáculo, piedra, árbol o cualquier otra cosa que se interponga entre la Pampa y tu. El desnivel máximo en toda la superficie es de 6 o 7 centímetros. No existen referencias espaciales y se pierde la noción de lo que es lejos y lo que es cerca. Ideal para hacer juegos con la cámara de fotos.
También es un lugar perfecto para practicar carro-vela, pero en estos días no había viento. Por una vez no me voy a dar de afortunado, aunque creo que ya tuve bastante. En la Pampa se filman muchos anuncios de coches aprovechando el paisaje mágico y esa enorme pista de pruebas natural, como también llegan de todos los rincones del mundo a intentar batir récords de velocidad en coches casi supersónicos.
Y sin darnos cuenta, como siempre pasa que estás disfrutando tanto, nos llegó la hora de partir y de dejar Barreal, este lugar tan mágico con noches de gala y lindos paisajes donde se encuentra esa preciosa posada de Carlos y Adela. Ellos nos mimaron con su amabilidad y esos desayunos tan estupendos.
Como veis la comida es un argumento que en Argentina es imposible de evitar. Por suerte en el viaje de regreso la Mona no apareció y nos dejó tranquilos. Fue la única alegría del regreso.

