Mostrando entradas con la etiqueta Tio Tan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tio Tan. Mostrar todas las entradas

27 noviembre 2007

El Tio Tan

Antiguamente se decía que el bosque y la selva cubrían casi la totalidad de la isla de Borneo, pero poco a poco y especialmente a partir de los años 60 la mayor parte de selva ha ido desapareciendo por culpa de los cultivos de palmeras aceiteras y la tala indiscriminada de árboles. Una de las joyas naturales de la isla es un río llamado Kinabatangan. Este río, el segundo mas grande de Borneo, agrupa en sus orillas una ingente cantidad de vida animal y vegetal, única en el mundo. Pero también en el Kinabatangan la selva ha sido devorada por el hombre hasta quedar convertida en tan solo 9 "parcelas" cada una a orillas del río, pero lamentablemente no conectadas entre sí. Curiosamente esta situación ha permitido que la concentración de vida en esas parcelas restantes sea algo fuera de lo común, pues los animales se han visto obligados a reducir su espacio y a convivir con otros casi como si fueran sardinas en lata. Y es esta la característica que hace que una visita al río Kinabatangan y a su entorno sea algo obligado y a la vez maravilloso. Y así, Nacho y yo nos pusimos en manos del Tío Tan para descubrirlo.

El Tío Tan, más conocido por estas tierras como Uncle Tan, fue en primer lugar una persona que construyo un campamento a orillas del río y a partir de ahí se dedicó a mostrar a los turistas el entorno de Kinabatangan. Hace años que el Tío Tan pasó a mejor vida, pero la tradición ha sido mantenida por sus hijos que gestionan con mucho éxito el Uncle Tan Jungle Camp. Lejos de ser un lugar de comodidades, es simple y llanamente un campamento en medio de la selva y a orillas del río, con unas chozas elevadas donde los visitantes duermen sobre unos colchones pero en el suelo. Todas las instalaciones son muy básicas, pero eso hace que la estancia sea parte descubrimiento, parte aventura. En el paquete de dos noches/tres días está incluida toda la comida, y todas las actividades que son: varios safaris de 2 horas en bote por el río de día y de noche, y 2 trekkings a pie de otras dos horas en la selva, también de día y de noche.


Nuestro grupo estaba compuesto por unos 11 viajeros de Hungría, Finlandia, Estados Unidos, Inglaterra, Tailandia, Malasia y por supuesto España. Todos gente joven, maja y agradable. Al llegar tuvimos una pequeña reunión donde se nos explicó un poco el estado actual de conservación del la selva en el Kinabatangan y también las actividades a desarrollar. Me encantó que todos los trabajadores de Uncle Tan, desde el cocinero hasta el responsable, se presentaron uno por uno durante esa reunión dándonos la mano y la bienvenida con una sonrisa. La mayoría chavales locales que no superaban los 30, pero con las miradas de sabiduría de un asceta de 150 anos.


Y a partir de esa primera reunión se fueron sucediendo las actividades una tras otra. La gran atracción, o mejor dicho, la gran esperanza de todos los visitantes es sin duda poder ver un orangután en estado salvaje. Los elefantes también se dejan ver, pero estábamos fuera de temporada. Ademas de estas dos estrellas, hay muchas otras, como ranas, tarántulas, cocodrilos, lagartos monitor, cientos de pájaros, osos, y sobe todo... una rarísima especie de mono llamado Proboscis, con una larga narizota que lo hace parecer mas humano si cabe.

En la primera noche hicimos un safari en bote. Nos habían prevenido: "Llevad el chubasquero". Imaginaros quien se dejo el chubasquero... Era la noche mas brillante y limpia que había visto en mucho tiempo. Pero de repente... el monzón traicionero comenzó a descargar con furia infernal millones de litros de agua sobre nuestras cabezas. Al principio... solo estaba mojado. Pero el viento provocado por la velocidad de la lancha me hizo pasar algo del frío que tenia ya olvidado por estas tierras de Asia. Y encima, parecía que no llegábamos nunca. Pero sí, llegamos. Y yo lo hice hecho una sopa. Lo bueno de estar aquí es que te secas tan rápido como te mojas, y normalmente es una lluvia cálida que no te hace pasar nunca frío. Es otro de los pequeños sueños dentro del sueño: mojarme sin vergüenza bajo la lluvia cálida del monzón (pero ese sueño se hizo realidad en Nepal... recordadme que algún día os lo cuente).

Dormir en la selva sobre un colchón en el suelo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Me voy a ahorrar los inconvenientes que ya os imaginareis, y os voy a contar lo mágico que resulta escuchar la sinfonía nocturna que producen cientos de animales. A mi ya de por si me encanta escuchar a los grillitos cuando duermo cerca del campo, y estar en la selva multiplica por mil las posibilidades. Sobre todo las ranas son excelentes sopranos. Los grillos y cigarras siguen el compás, y el resto de la banda de insectos hacen el acompañamiento. Y cuando estas a punto de dormirte consigues escuchar la melodía de la selva no como una mezcla de ruidos, sino como un único sonido que te relaja hasta caer en los brazos de Morfeo: es la Sinfonía Nocturna numero 1 de la Madre Naturaleza.

Durante el resto de las actividades no hubo suerte con los orangutanes... pero si vimos decenas de proboscis. Es el mono mas humano que he visto en mi vida. El macho ademas tiene una barrigota redonda como un tambor cual Homer Simpson. Mi momento favorito fue sin duda el trekking de noche. Vimos algunos pájaros, escorpiones, un montón de ranas, y hasta una nueva especie de tarántula descubierta hace apenas dos años.


La ultima mañana hicimos nuestro ultimo safari en bote, y nos despedimos finalmente de Uncle Tan y de nuestros campaneros de aventuras. Regresábamos a la vida cómoda y a la civilización después de tres días de estupenda aventura. A pesar de no ver orangutanes, la experiencia mereció muchísimo la pena en todos los sentidos. Así que... si pasáis por Borneo no os olvidéis de venir a saludar al Tío Tan!