Subir montañas es algo agotador. Siempre había sentido mucho respeto por ello, y a veces hasta cierta desconfianza. Dudaba de si tendría la capacidad suficiente de caminar esas empinadas cuestas durante horas, y sobretodo me preguntaba si finalmente pagaría su recompensa. Pero de un plumazo se hizo la luz en mi, en cuanto por fin tuve una verdadera oportunidad de entender lo que supone esto del trekking, hiking o subir montañas si lo preferís. Las sensaciones que te regala son 10 veces mas intensas que todo el cansancio que uno pueda sentir. En este viaje estoy aprendido muchas cosas, una de las mas reconfortantes es el saber disfrutar caminando entre las montañas. Y es que en Nepal no te queda otro remedio que intentarlo. Como vas a pasar por allí sin hacerlo? Fue maravilloso. Todavía no me llega el tiempo de recordar pues mi viaje no ha terminado, pero muchas veces se me pasan por la memoria momentos vividos y disfrutados, algunos de los que se repiten con mas frecuencia tienen que ver con las montañas en Nepal. El Kinabalu no fue una excepción, y a pesar del disgusto de no tener a mis amigos arriba, contemplar ese amanecer envuelto en nubes fue algo indescriptible. Poco después, cuando revisamos nuestras fotos descubrí que Nacho y Rody también disfrutaron de las vistas del amanecer, desde un punto mas bajo pero excelente igualmente. Se lo merecieron. Y después de todos esos momentos de fatiga, llegamos de vuelta a Kota Kinabalu y volvimos a encontrarnos con la lluvia. Aquella primera noche lo celebramos de cena en un restaurante italiano de cierta reputación.

Los días siguientes teníamos pensado ir a un parque nacional que hay en unas islas a tan solo 15 minutos de la ciudad, pero la lluvia nos lo trunco. Todavía nos quedaban unos días para tomar nuestros vuelos, así que ante la incomodidad de la lluvia y de manera espontanea, nos dejamos seducir por la vida fácil y placentera. El cine, los bolos y demás vicios juveniles se convirtieron en nuestros aliados contra el aburrimiento. Llevábamos ya algunas semanas alejados de estas comodidades, así que nos agarramos con gusto. El que mas lo disfruto fue Nacho, sin duda. Ya en Melaka me había asustado cuando fuimos a jugar a los bolos. Le gusto' tanto que se empezó a plantear la seria posibilidad de tomar un curso o algo parecido en cuanto llegase a Madrid (en estos momentos, puede que este en pleno entrenamiento). Y en K.K. la droguilla de los bolos calo' todavía mas en sus venas cuando un jugador al que mirábamos con admiración se nos acerco y se ofreció voluntario para instruir a nuestro voluntarioso amigo. Menudo tipo este entrenador! En los días sucesivos dedico unas cuantas horas a enseñar a Nacho un montón de cosas sobre los bolos. Nacho, mas feliz que un zagal con zapatos nuevos, intento pagarle todos sus merecidos esfuerzos, o incluso invitarle a tomar algo, pero este señor tan apasionado de los bolos y tan amable, siempre se negó en redondo. Son cosas que pasan en estos remotos lugares de Asia, donde la gente todavía es amable y desinteresada con gusto y por costumbre. Ojala esto nunca cambie, Asia es la esperanza de la humanidad.

Los días siguientes teníamos pensado ir a un parque nacional que hay en unas islas a tan solo 15 minutos de la ciudad, pero la lluvia nos lo trunco. Todavía nos quedaban unos días para tomar nuestros vuelos, así que ante la incomodidad de la lluvia y de manera espontanea, nos dejamos seducir por la vida fácil y placentera. El cine, los bolos y demás vicios juveniles se convirtieron en nuestros aliados contra el aburrimiento. Llevábamos ya algunas semanas alejados de estas comodidades, así que nos agarramos con gusto. El que mas lo disfruto fue Nacho, sin duda. Ya en Melaka me había asustado cuando fuimos a jugar a los bolos. Le gusto' tanto que se empezó a plantear la seria posibilidad de tomar un curso o algo parecido en cuanto llegase a Madrid (en estos momentos, puede que este en pleno entrenamiento). Y en K.K. la droguilla de los bolos calo' todavía mas en sus venas cuando un jugador al que mirábamos con admiración se nos acerco y se ofreció voluntario para instruir a nuestro voluntarioso amigo. Menudo tipo este entrenador! En los días sucesivos dedico unas cuantas horas a enseñar a Nacho un montón de cosas sobre los bolos. Nacho, mas feliz que un zagal con zapatos nuevos, intento pagarle todos sus merecidos esfuerzos, o incluso invitarle a tomar algo, pero este señor tan apasionado de los bolos y tan amable, siempre se negó en redondo. Son cosas que pasan en estos remotos lugares de Asia, donde la gente todavía es amable y desinteresada con gusto y por costumbre. Ojala esto nunca cambie, Asia es la esperanza de la humanidad.
Pero volviendo a los bolos... yo también disfrute de mi momento mas memorable, cuando en una de las partidas me anote 5 plenos seguiditos, uno detrás de otro. Rody y Nacho me miraban sorprendidos, y yo no podía parar de reírme a carcajada limpia después de cada lanzamiento. Fue tan inesperado como ridículo y divertido. A ver si al final yo también voy a tener que replantearme mi futuro y termino en las ligas profesionales...
Los días pasaron de esta forma casi sin darnos cuenta. Despedimos a Rody un día antes de tomar nuestro avión a Kuala Lumpur. Desde el primer día en que lo conocimos, tuvimos una química estupenda y fue divertidisimo. Pero como siempre, los caminos de unos y de otros nos van separando, aunque siempre nos quedaran los recuerdos, las fotos, y también Facebook y el e-mail. Y así a Nacho y a mi nos llego también nuestro momento de darnos un abrazo y de citarnos de vuelta en España. Sucedió en Kuala Lumpur. Yo a Camboya y tu a Indonesia. Ha sido casi un mes en el que no solo he convivido con otro viajero sino que he encontrado a un verdadero amigo. No dudéis que algún día volveremos a encontrarnos. Aprovecho para darte las gracias, Nacho. Y si uno de estos días nos encontramos en Logroño, tu querido Madrid... o quien sabe, en cualquier otro lugar de este hermoso planeta.
